¿Por qué surgió el fracaso escolar?
En los últimos cuarenta años es cuando empezamos a escuchar, a través de los medios de comunicación, el escándalo del fracaso escolar. Esta expresión ha afectado mucho a la sociedad, malinterpretando así el correcto sentido del fenómeno. Desde el momento en que la educación empezó a impartir una evaluación sistemática, es decir, la implantación de los exámenes en el proceso educativo, se creó un alto porcentaje de estudiantes que no lograron superar los objetivos implícitos y explícitos de la escuela, o sólo fueron alcanzados parcialmente. Se trata de las dificultades y los fallos que no son explicables por una incapacidad y que son percibidos como niveles de rendimiento inferiores a los que eran esperados de un alumno o alumna. El no corregir estos fallos y la acumulación de estas deficiencias dan lugar al fracaso en un área, si se trata de incapacidades específicas de una materia, o un fracaso instructivo generalizado, si se trata de incapacidades más complejas.
Ha llegado el momento de cambiar la perspectiva en lo que se refiera al rendimiento educativo, pasando de una cultura del fracaso, característica de una búsqueda del culpable (el alumno, el sistema, la familia, la escuela o la sociedad) a una cultura del éxito con mayor importancia en los logros de variables modificables y los modelos de intervención que ayuden a todos los alumnos y alumnas a un óptimo y máximo aprendizaje escolar.
De la Orden, A. (1991). El éxito escolar. Revista Complutense de Educación, 2, pp. 13-25
Ha llegado el momento de cambiar la perspectiva en lo que se refiera al rendimiento educativo, pasando de una cultura del fracaso, característica de una búsqueda del culpable (el alumno, el sistema, la familia, la escuela o la sociedad) a una cultura del éxito con mayor importancia en los logros de variables modificables y los modelos de intervención que ayuden a todos los alumnos y alumnas a un óptimo y máximo aprendizaje escolar.
De la Orden, A. (1991). El éxito escolar. Revista Complutense de Educación, 2, pp. 13-25
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